Cuenta
la leyenda que había una joven llamada María, más bella que cualquier mujer. Incuso
más bella que una flor luego de la lluvia.
Ella vivía en una pequeña Isla
llamada Itairu, que era la Isla vecina de Pascha. Estaba soltera y quería
encontrar a “Esa persona especial que la ame”.
Al poco tiempo apareció
Orlando, era un joven pescador al cual
todos admiraban. Sus ojos eran azules
como el color del océano y no le temía a nada.
Semanas después María se
encontró con él y él se enamoro de su
belleza. Al cabo de tres años se casaron.
Eran muy felices hasta que
Orlando se encontró una mujer a la cual se acercó. Unos jóvenes que pasaban por
ahí los vieron yéndose muy enamorados.
Cuando se lo contaron a sus
amigos, ellos se lo contaron a todos los habitantes de la isla. Entonces el
rumor llego hasta María… Su corazón se partió en dos y su cara se puso roja de la furia y empezó a
planear cómo llegar allí.
Al día siguiente se fue en el
bote de su padre. Era pequeño y sólo lo usaba como baúl para sus cosas.
En medio del mar ocurrió algo
que a María le arruino el viaje: una tormenta se avecinaba. María, desesperada,
se aferro a su bote cuando de repente… Una ola gigante cayó encima de ella.
En sus últimos minutos de vida
María lloró, no de miedo, no de frío, no de dolor. Lloró porque jamás volvería
a ver a su amado Orlando y juró que se vengaría.
Dicen que el espíritu de María
aprendió a hablar con los pájaros y les ordenó que trajeran esos ojos de los
cuales ella se había enamorado.
Por eso los pájaros pasan todos
los días volando sobre el océano buscando esos ojos azules como el mar.
FIN
FIN
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